Cuando una taquilla deja de depender de una llave física o un candado, el acceso se gestiona de tres formas principales: código PIN, tarjeta o llavero RFID, o apertura desde app. Cada una encaja mejor en un tipo de instalación distinto.
PIN (código numérico): el usuario elige o recibe un código que introduce en el teclado de la cerradura. No requiere entregar ni gestionar ningún objeto físico, lo que lo hace práctico en instalaciones de uso puntual o rotación alta —gimnasios con visitas de un solo día, piscinas públicas, vestuarios compartidos— donde no tiene sentido fabricar una tarjeta para cada usuario. El punto débil es que un código se puede compartir o ver por encima del hombro, por lo que conviene cambiarlo con regularidad en usos intensivos.
RFID (tarjeta o llavero): el usuario acerca una tarjeta o llavero al lector. Es la opción más habitual en empresas, universidades y centros deportivos con abonados fijos, porque la misma tarjeta puede servir también para el control de acceso al edificio o la zona deportiva, unificando credenciales. Requiere gestionar el soporte físico (dar de alta, reponer si se pierde), pero el acceso es más rápido que teclear un PIN.
App (apertura desde el móvil): el usuario abre la taquilla desde una aplicación, sin tarjeta ni código que recordar. Es la opción más cómoda para el usuario final y permite al gestor reasignar o revocar el acceso de forma remota al instante, algo útil en coworkings o instalaciones con alta rotación de personal. Depende de que el usuario lleve el móvil encima y tenga la app instalada, por lo que algunas instalaciones la combinan con PIN como alternativa.
En la práctica, muchos proyectos no eligen un único método: nuestras series ARES, ORBIS, BOXIS y NEO permiten configurar el tipo de acceso según el perfil de uso de cada zona de taquillas, incluso dentro de la misma instalación. Si tu proyecto no necesita gestión electrónica, también disponemos de cerraduras mecánicas de combinación, leva o candado.
