El material de una taquilla condiciona dónde funciona bien y cuánto dura. Estas son las diferencias reales entre las tres opciones más habituales.
Taquilla metálica: fabricada en acero laminado en frío con pintura epoxi anticorrosiva. Es la opción más extendida por su relación coste-resistencia: soporta golpes e impactos bien, se limpia con facilidad y la ventilación superior/inferior evita malos olores. Su punto débil es la humedad constante —en ambientes muy húmedos o con cloro, el acabado puede degradarse con los años—, por lo que es la mejor opción para gimnasios, oficinas, colegios y vestuarios secos en general, pero no la ideal junto a una piscina.
Taquilla fenólica: fabricada en tablero fenólico compacto, un material macizo (no chapa metálica) diseñado específicamente para resistir el agua y la humedad sin oxidarse ni hincharse. Todo el herraje va en acero inoxidable. Es la opción de referencia para piscinas, duchas y vestuarios colectivos de alta humedad, donde una taquilla metálica se deterioraría con el tiempo. A cambio, suele tener un coste mayor que la metálica equivalente.
Taquilla de melamina: acabado en tablero melaminizado, con un aspecto más decorativo y cálido que el metal. No está pensada para ambientes húmedos, sino para espacios donde el diseño del mobiliario importa: oficinas, coworkings, recepciones de clubes o centros donde la taquilla forma parte de la imagen del espacio, no solo de su función.
Como regla práctica: si hay agua o humedad constante, fenólica; si prima la estética en un espacio seco, melamina; para el resto de usos —la mayoría—, metálica es la opción más habitual y económica. Consulta nuestras líneas de taquillas metálicas, fenólicas y de melamina para ver las configuraciones disponibles en cada material.
